Luis Castro No hay comentarios

“Los líderes que perduran en el tiempo son aquellos que sustentan su relaciones de trabajo en la dignidad humana, es decir tratan a la gente como seres humanos…” scastor

Bajo rendimiento en los equipos de trabajoHace algunos años tuve la oportunidad de un ascenso en mi trabajo, logré una jefatura de departamento dentro la jerarquía funcional de la empresa.

La diferencia de salario era notoria y el grado de responsabilidad también creció.

Mi pensamiento giraba alrededor de la autoridad que tenia en mis manos para lograr que sucedieran las cosas en los equipos de trabajo del departamento.

Conforme pasaba el tiempo empecé a notar que los trabajadores tenían códigos de conducta que observaban sin preguntas.

Los resultados del departamento no cumplían con el mínimo exigido por el corporativo y las presiones para cumplir las metas no se hicieron esperar, cada mes en la reunión de evaluación salía con un regaño marca “llorarás” por parte del jefe mayor demandando el cumplimiento de las metas y objetivos pactados por los equipos de trabajo ante la empresa y el sindicato de trabajadores.

Lo primero que hice fue convocar a una reunión de trabajo con mis supervisores y los trabajadores para presentar los resultados del primer trimestre y lo lejos que estábamos de cumplir las metas comprometidas.

En realidad quería conocer de primera mano que es lo que estaba sucediendo en cada uno de los equipos de trabajo del departamento que no permitía alcanzar los resultados que en el papel se veía fácil de cumplir, es decir, se tenía los recursos y los medios para lograrlo, sin embargo, estábamos muy lejos de hacerlo.

Mi primer sorpresa fue que no existía un lugar para realizar la reunión, es decir el departamento no tenía la infraestructura adecuada para reuniones, capacitación, áreas de descanso, etc..

Con ayuda de uno de los supervisores de proceso habilitamos un espacio para llevar a cabo nuestro primer encuentro con los trabajadores.

Vestimos la sala, colocamos algunos cuadros con personal en acción en su área de trabajo, algunos logros del departamento, logros deportivos etc… es decir quedó digna para una reunión que resaltara el orgullo de pertenecer a ese departamento.

Solicitamos algunos bocadillos y refrescos para atender como se debe a los responsables de que sucedan las cosas en el centro de trabajo, los trabajadores.  Ultima revisión del lugar y todo estaba listo para iniciar un proceso de acercamiento y dialogo con los trabajadores.

La cita era a las dos de la tarde, dos horas antes del horario de salida para evitar quitarles tiempo personal y descansaran mientras escuchaban los resultados del primer trimestre.

Dos de la tarde y nadie llegó a la cita, esperamos diez minutos y nada, se recordó por radio a los trabajadores, y nada.

A las tres de la tarde llegaron las primeras personas al centro de trabajo y jamás se acercaron a la sala habilitada para nuestro primer encuentro, por allá a las tres y media de la tarde se acerca un trabajador y con una actitud de indiferencia se sienta en la sala y en silencio nos observaba, como tratando de escanear mi cerebro para conocer mis pensamientos y a la defensiva por si lanzaba una pregunta o reclamo por parte mía.

Yo también activé mis sentidos y habilidades de observación para entender la situación y conocer aquello que no se dice con palabras.

Después de un momento de reconocimiento mutuo salieron las primeras palabras de ambas partes, entre justificaciones y reclamos me quedó claro que estaba frente a mi el líder natural del equipo, aquella persona que todos los demás seguían sin condiciones.

Los demás compañeros jefes de otros departamentos estaban expectantes a los resultados de ese encuentro informal, las apuestas estaban a todo lo que daba, ¿a quién le vas? era la pregunta en los pasillos.

Ese día fue crucial para mi, tenía enfrente uno de los retos mas grandes del líder, “hacer que las cosas sucedan”, podrías pensar que “para eso les pagan” y que “es su obligación”, que si no obedecen se levanten acciones correctivas por indisciplina y actas administrativas que solo dañan las relaciones colaborador líder.

No tenía ni tres meses en ese lugar y ya visualizaba como sería mi vida por lo menos los próximos cinco años.

Presenté una propuesta de trabajo a mi superior, donde se detallaban las actividades a realizar en cada uno de los equipos de trabajo para lograr los objetivos, los recursos necesarios y algunos cambios que tenia que realizar en  el departamento  que necesitarían de su apoyo para lograrlo.

Antes de leerlo, mi jefe lanzó una pregunta ¿qué se necesita para lograr las metas de este año?.

Mucho trabajo contesté, y sin dejarme decir más me dijo -eso ya lo sé… y me dió un recital de cosas que debería hacer y no hacer para lograrlo y me dejó claro que el que mandaba era él y mi deber era obedecerlo.

Mucho trabajo con la gente era la frase que intente decirle antes de presentarle mi propuesta.

El problema no era el trabajo operativo, la productividad no era la mejor, sin embargo, sus estándares estaban dentro de la media corporativa, es decir se cumplía “a secas” (solo por cumplir)

Si esta historia es muy parecida a la tuya, entonces estas viviendo el síndrome de “la moral baja del equipo de trabajo”… esta historia continuará

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